D.O. Ribeira Sacra, Galicia - 80% Mencía, 10% Brancellao (Alvarello), 8% Caiño y 2% Sousón procedente íntegramente de la viña San Martiño. Fermentación de unos 30 días con 2–3 remontados diarios. Fermentación maloláctica y crianza de 7 meses en barricas de roble Allier de 300 litros. No se clarifica ni se filtra, y se emplea únicamente sulfuroso en dosis mínimas. Recomendado por El Sumiller.
RÉGOA TN 2019
Régoa es un proyecto vitivinícola situado en la subzona de Amandi, dentro de Ribeira Sacra, impulsado por José María Prieto Fernández, médico de profesión pero profundamente vinculado al vino desde su infancia. Sus primeros recuerdos están ligados a las vendimias familiares en A Teixeira, una conexión emocional con el territorio que acabaría materializándose en este proyecto propio. Régoa nace así con una fuerte identidad local, asentado en el municipio de Sober, en pleno cañón del Sil, y toma su nombre del paisaje tradicional gallego vinculado al agua y al cultivo.
El proyecto se desarrolla íntegramente sobre la finca San Martiño, 11 hectáreas de viñedo en propiedad trabajadas en bancales de fuerte pendiente (hasta un 80%) con orientación sur y contacto directo con el río Sil. Se trata de un claro ejemplo de viticultura heroica, donde el trabajo es manual y las condiciones extremas favorecen bajos rendimientos y gran concentración. Los suelos de pizarra y arenisca, pobres y bien drenados, junto con cepas de más de 30 años, y una parte significativa por encima de los 50, configuran un terroir que aporta tensión, profundidad y carácter atlántico a los vinos.
La filosofía de Régoa se basa en el control absoluto del viñedo (toda la uva es propia) y en una mínima intervención tanto en campo como en bodega. Trabajan exclusivamente con variedades autóctonas gallegas, Mencía, Brancellao, Caiño y Sousón, con fermentaciones espontáneas mediante levaduras indígenas, largas maceraciones y un uso muy contenido del sulfuroso. No se realizan clarificados ni filtrados en muchos de sus vinos y se apuesta por crianzas en madera francesa que aportan estructura sin desvirtuar el origen. Este enfoque da lugar a vinos más estructurados, profundos y longevos de lo habitual en la zona, alejándose del perfil más ligero tradicional de la Ribeira Sacra.
Dentro de su gama, Régoa distingue entre vinos más inmediatos y otros claramente orientados a la guarda, como Régoa TN, Esencial o Iria. En este sentido, el proyecto ha contribuido a demostrar que los vinos de Ribeira Sacra pueden evolucionar durante años en botella manteniendo frescura y complejidad, posicionándose como una bodega de culto entre aficionados a los vinos atlánticos más personales.
Añada 2019: se sitúa en un perfil equilibrado dentro del carácter atlántico de la región, con maduración suficiente para aportar estructura pero manteniendo acidez y frescura. En Régoa TN se traduce en un vino con tensión, verticalidad y clara vocación de guarda.
Elaboración: vendimia manual procedente íntegramente de la viña San Martiño. Fermentación de unos 30 días con 2–3 remontados diarios. Fermentación maloláctica y crianza de 7 meses en barricas de roble Allier de 300 litros. No se clarifica ni se filtra, y se emplea únicamente sulfuroso en dosis mínimas.
Variedades: 80% Mencía, 10% Brancellao (Alvarello), 8% Caiño y 2% Sousón.
Cata: fruta roja precisa que domina sobre la madera, con evolución en botella donde los polifenoles se alargan y redondean integrando progresivamente la crianza. Perfil atlántico muy marcado, con mineralidad pizarrosa, acidez viva y tanino firme pero fino. Con aireación aparecen matices de laurel y miel de panal característicos del Brancellao. Es un vino inicialmente reservado, de estilo vertical, elegante y profundo, con gran capacidad de evolución en botella.
Consumo óptimo: 2026-2035. Alc: 13º, Acidez total: 5,20, Ph: 3,45, Ac. Volátil: 0,60, Sulfuroso libre: 19, Sulfuroso total: 62
Producción: 5.000 botellas.
Armonías: ideal con carnes rojas gallegas, caza menor, guisos tradicionales de larga cocción y platos con setas o fondos intensos. Su estructura y frescura lo hacen también muy interesante con cocina atlántica de carácter. Servido entre 15 °C y 17 °C permite apreciar mejor su profundidad, tensión y expresión mineral.