La Palma, Islas Canarias - 94 PARKER. 100 Negramoll procedente de un conjunto de parcelas históricas situadas en Fuencaliente, en la isla de La Palma (Canarias), concretamente de los pagos Tinizara, Garome, Jerónimo, Mayata y Las Machuqueras. Estas viñas se encuentran entre los 1.270 y 1.400 metros de altitud, en un entorno extremo de suelos volcánicos muy diversos, que van desde arenas franco-arenosas de origen más joven en el suroeste hasta composiciones más evolucionadas con presencia de arcillas en el noroeste. Se trata de viñedos viejos, en su mayoría de pie franco, trabajados en conducción tradicional en vaso o en sistemas rastreros sostenidos con horquetas, con muy baja densidad de plantación y selección masal propia.
La vendimia se realiza de forma extremadamente parcelaria y escalonada, con cada viñedo vinificado por separado, en un proceso que puede extenderse hasta sesenta días en bodega, siguiendo la evolución natural de la maduración según la altitud y la exposición. La elaboración es artesanal y respetuosa, con racimo entero, pisado tradicional con los pies, maceraciones suaves de entre 8 y 15 días y prensado delicado. La fermentación se lleva a cabo de manera espontánea, sin control de temperatura, buscando una expresión pura del territorio y de cada parcela.
La crianza se realiza en una combinación de recipientes de madera de distintos formatos, incluyendo fudres de roble francés de 500 litros, botas de roble americano de 600 litros y barricas de roble francés de 225 litros, lo que aporta complejidad sin perder la identidad varietal ni la frescura del origen volcánico. El resultado es un vino de fuerte carácter de terroir, que refleja la diversidad extrema de su origen y la interpretación precisa y mínima intervención de su elaboración. Recomendado por El Sumiller.
Vicky Torres Negramoll 2023 representa una de las interpretaciones más delicadas, frágiles y a la vez expresivas de la viticultura atlántica contemporánea en Canarias. Se trata de una variedad históricamente muy sensible a las condiciones climáticas del archipiélago, cuya continuidad hoy está seriamente comprometida por el aumento de temperaturas y la dificultad creciente para su cultivo en cotas bajas, donde tradicionalmente se desarrollaba.
Este vino no se producía desde 2020, debido precisamente a la dificultad de la Negramoll para brotar y madurar de forma equilibrada en añadas cálidas. En este sentido, 2023 marca un regreso excepcional. Procede de viñedos que requieren cada vez más altitud para poder expresar frescura y equilibrio, ya que por debajo de aproximadamente 500 metros la variedad deja de funcionar con fiabilidad. Esta situación ha llevado a que muchos viticultores estén reduciendo o directamente sustituyendo esta uva en nuevas plantaciones.
En cata, el vino se presenta con un color rubí ligeramente turbio, reflejo de una elaboración poco intervencionista. El perfil aromático es extraordinariamente singular y evocador: flores secas, hibisco, escaramujo y un fondo terroso que recuerda, en su dimensión más etérea, a ciertos tintos del Jura. No transmite en absoluto la sensación de un año cálido, a pesar de haber alcanzado 13,5% de alcohol, ya que mantiene una frescura notable y un equilibrio muy fino, con taninos delicados, precisos y de gran elegancia. La producción es extremadamente limitada, con apenas 2.436 botellas elaboradas, embotelladas en el verano de 2024.
Este vino nace en el contexto del trabajo de Vicky Torres Pecis en el sur de La Palma, donde la viticultura se enfrenta a una sostenibilidad cada vez más compleja debido a los bajos rendimientos, las condiciones meteorológicas extremas y la presión de la fauna. En campañas recientes, incluso se han registrado pérdidas devastadoras de hasta el 90% de la cosecha en algunos viñedos por daños de animales. La vendimia es tardía y extremadamente delicada, con parcelas que alcanzan la maduración muy cerca del otoño.
Los últimos años en La Palma han estado marcados por una inestabilidad climática creciente. La añada 2021, influenciada por la erupción volcánica, fue sorprendentemente equilibrada, con más lluvias que en años anteriores y vinos de gran finura. En 2022, la falta de agua afectó especialmente al sur de la isla, generando rendimientos muy bajos pero con estilos más exuberantes en el norte. Sin embargo, 2023 se considera una de las campañas más extremas registradas, con olas de calor muy intensas, incendios en el norte de la isla y una pérdida significativa de uva debido al estrés térmico extremo. Se describe incluso cómo, tras lluvias tardías en junio, el agua retenida en los suelos se transformó en vapor bajo el calor extremo, “cocinando literalmente las uvas en la viña”.
En este contexto, el trabajo de la bodega ha evolucionado hacia una mayor flexibilidad, incluyendo ensamblajes de añadas y la elaboración de vinos sin añada para poder mantener cierta continuidad. Las elaboraciones recientes muestran una tendencia hacia estilos más ajustados y precisos, aunque condicionados por las dificultades de cada campaña.
La añada 2024 mantuvo un perfil seco y cálido, mientras que 2025 ha supuesto un cierto retorno a condiciones más “normales”, con lluvias más regulares, estaciones más marcadas y un comportamiento de la vid más equilibrado, aunque con rendimientos aún reducidos por la sequía acumulada de años anteriores.
Un punto clave del contexto actual es también la compleja relación con las denominaciones de origen locales. Actualmente, únicamente los vinos dulces de Malvasía mantienen reconocimiento dentro de la DO La Palma, mientras que otras elaboraciones no pueden hacer referencia geográfica directa, ni siquiera al municipio de origen, lo que refleja una situación administrativa poco alineada con la realidad vitícola del territorio.